Género: docudrama musical, confesión estética
Duración: la necesaria para dejarte pensando después
Dónde verla: en el momento exacto en que no esperabas nada

¿De qué va sin contártelo?
De alguien que ya fue, que sigue siendo, y que —de alguna forma— está tratando de entenderse desde adentro hacia fuera.
No es una biopic tradicional.
No va cronológicamente, ni pide permiso para insertarte un videoclip a media escena.

Y qué bueno. Porque cada canción es un espejo, y cada símbolo… un eco que se te queda flotando.

No importa si sabías quién era.
Sales sabiendo que él tampoco sabía del todo.

¿Por qué sí?
Porque no subraya emociones, las deja respirar.
Porque los fragmentos musicales no explican, sienten.
Porque tiene esa rara virtud de hacerte querer volverla a ver solo para ser otra persona cuando lo hagas.

Y porque no hay moraleja, solo reflejos.

Reverberación lenta, como una nota sostenida en falsete, con más estética que trama y más emoción que argumento.

Veredicto Marea:

Una película para ver con el cuerpo suelto y el corazón dispuesto.
No te explica nada. Y eso la hace brutalmente honesta.