Cómo engañarte con estilo mientras todo arde lentamente de fondo

Organizas tu escritorio, limpias la pantalla del celular, sacas la basura, limpias el historial del navegador, te pones la mascarilla de arcilla que dice “detox” pero en realidad solo quiere decir “pausa”.

Respondes correos que llevan semanas abiertos como ventanas de hotel en temporada baja. Tomas agua como si eso fuera a resolver tu vida entera.
Apuntas en tu libreta:

Hacer lista de cosas que hacer

Hacer lo que está en la lista

Sentirse bien con eso (a evaluar)

Ordenas los libros por color por trauma, por autor, pero solo los que te hicieron llorar en silencio, cierras ciclos con una playlist, haces “limpia” de contactos que nunca te contestaron, cambias tu foto de perfil como si eso reescribiera tu narrativa.

Te duchas largo y con intención, visualizas tu yo funcional de la próxima semana, le hablas bonito, le pides que no se raje.

Mientras haces todo eso, no haces lo otro.
Lo urgente.
Lo incómodo.
Lo que se siente como abismo.

Pero no importa, o quien sabe, capaz si, peor mientras, en esta pequeña performance doméstica del control, hay belleza, hay intento, hay un poquito de tregua, con eso vendrá el orden, la tranquilidad.