(y todos lo sabíamos, pero igual caímos en la trampa)

Dicen que solo es un correo. Que nomás es pasar en limpio unas notas, que cuánto te puede tomar subir un archivo, hacer una llamada, contestar ese mensaje que lleva días mirándote desde la esquina oscura del WhatsApp.

Las llaman tareas pequeñas como quien bautiza una tormenta con nombre de flor. Pero lo que nadie te dice es que esas cositas mínimas tienen el superpoder de arrastrar tu ánimo a una dimensión paralela donde el tiempo se escurre, la motivación se disuelve y de repente te encuentras reorganizando el cajón de los calcetines porque “ya casi ibas a empezar”.

El problema no es la dificultad, es la carga invisible, la energía que implican, el espacio mental que ocupan mientras fingen no pesar nada. Porque aunque duren cinco minutos, requieren activarte, concentrarte, decidir, escribir bien, revisar, enviar, confirmar, dar seguimiento, y sobrevivir a la microcrisis existencial de pensar “¿por qué no lo hice antes?”

No es flojera, es que esas tareas exigen una versión tuya que esté presente, y a veces estás a medio cargar.

Así que no, no existen las tareas pequeñas, solo hay cosas que requieren menos tiempo, pero la misma valentía, hasta más, si hoy logras hacer una, aunque sea una, que estaba escondida en el fondo del “ahorita lo hago”… Felicitate, ya hiciste un montón.

Después puedes comerte una galleta, o dos. O ponerle palomita en tu lista, aunque no la hayas escrito antes, porque esa mini micro tarea cuenta super mucho más.