En la Ciudad de México, en la alcaldía Miguel Hidalgo, se está revisando una iniciativa que aun no es ley para ya esta dejando huella, que permitiría a los empleados llevar a sus perros al trabajo. No es una disposición, ni aplica en toda la ciudad. Pero el solo hecho de que algo así esté en discusión oficial dice mucho del momento que vivimos.
La propuesta busca abrir la puerta a oficinas pet friendly, con lineamientos específicos que promuevan entornos laborales más amables, reduciendo el estrés y reconociendo lo que ya es evidente para muchos: que los perros no son accesorios, sino compañía real, emocional y cotidiana.
Claro, que algo se proponga no significa que esté listo para aplicarse. No basta con que se permita, también hay que regularlo con cabeza fría, considerar el tipo de espacio, los riesgos, las alergias, los horarios, los afectos cruzados. La convivencia interspecies suena preciosa… pero no se puede dejar a la suerte y sin analizar a fondo.
En paralelo, otra medida sí va en serio: el RUAC (Registro Único de Animales de Compañía), ya disponible en línea, que permite formalizar la tenencia responsable. Suena a trámite burocrático, pero detrás hay una intención de fondo: evitar abandonos, identificar responsabilidades y tratar a los animales con algo más que cariño con responsabilidad y derechos.
Todo esto podría parecer exagerado si no fuera porque, mientras se legisla para mejorar la vida de los animales de compañía, miles de personas siguen esperando condiciones laborales mínimas: contrato estable, salud mental cubierta, o un escritorio que no tiemble.
Y es ahí donde la ironía se apodera del espacio.
Porque si una oficina que acepta perritos mejora el ánimo, quizás también sea momento de preguntarnos cómo tratamos a quienes comparten ese mismo espacio, hablen o no, ladren o no, ya sea que firmen recibos, limpien el piso, o solo nos miren con ojos redondos y leales.
La vida perruna que tú soñaste… quizá aún no te incluye, no te sirve y no te resuelve esas prestaciones que no llegan, pero SI o SI está en marcha.
Y puede ser una buena oportunidad para mejorarlo todo, con correa, con reglas, y con un poco más de empatía para cada especie.
Tenencia responsable, tratar a los animales con algo más que cariño con responsabilidad y derechos.