Hay creencias que usamos como sombrilla, aunque no llueva.
Hay supersticiones que no entendemos pero repetimos, como si fueran parientes lejanos a los que no queremos ofender.
Tal vez vienen de la abuela. Tal vez de la ansiedad. Tal vez solo es más fácil tocar madera que aceptar que el mundo no tiene un guion escrito a nuestro favor.
Cuando sí lo tiene, solemos pensar que fue gracias a ese cuarzo nuevo, a ese ritual en YouTube, o a esa frase que alguien posteó con mucho filtro y poca sombra.
La superstición no es absurda. Es estratégica. Nos ayuda a no pensar en lo que no podemos resolver. A inventar causas para que las consecuencias no duelan tanto.
Está bien, a veces.
Solo recuerda que cada vez que eliges creer algo, estás dejando de elegir otra cosa. Y que si ese algo te impide ver, tal vez no es fe: es ceguera con brillo.
Hoy es el día que dice el calendario.
Lo demás, lo decides tú.
Si el día va a tener magia, que al menos sea tuya.