Hay signos que se definen por lo que hacen.
Otros, por lo que sienten.
Piscis, no.
Piscis se define por lo que percibe cuando nadie más lo nota.

No está en una sola parte.
Está un poco en todas, al mismo tiempo.
Y eso lo hace parecer ausente, pero en realidad está sobrepresente:
en el clima, en la música, en tu frase que no terminaste de decir.
Piscis ya la sintió.

Su existencia es porosa.
No sabe bien dónde termina y dónde empiezan los demás.
Por eso a veces huye,
por eso a veces se entrega,
por eso, cuando escribe, se vuelve multitud.

No es indeciso, es múltiple.
No es confuso, es translúcido.
Y en un mundo que exige coherencia,
Piscis responde con poesía.
Con conexiones invisibles.
Con un amor que no entiende de propiedad privada.

No elige una versión de sí porque todas son verdaderas.
La que ríe con cinismo.
La que ama con ternura.
La que quiere desaparecer, y la que quiere salvar al mundo con una playlist bien armada.

Piscis no necesita certeza.
Le basta con que algo duela bonito.

No siempre sabe dónde está. Pero donde está, te ve por completo.