jazz-funk de ascensor caro que nunca llegó al último piso y qué bueno que no lo hizo, esta es una historia de caramelo sonoro con sabor a neón y terciopelo.
Hubo un momento en los años 80 en que los sintetizadores no eran nostalgia ni ironía: eran promesa. Ahí, entre los restos del disco y el hambre del funk blanco, apareció Shakatak.
Un grupo inglés con nombre improbable, grooves suaves como alfombra de hotel cinco estrellas, y melodías que, aunque nadie lo supo de inmediato, terminarían resonando del otro lado del mundo, en la estética luminosa del city pop japonés.
Shakatak suena como el Londres que quería parecerse a Miami. Como el fondo musical de una película donde nada urgente pasa, pero todo se ve bien, como el momento en que se abre un elevador y no sabes si estás en la planta baja o en una dimensión paralela con drinks de piña y gafas oscuras.
Desde su debut en 1980 con Steppin’, hasta joyas como Night Birds y Out of This World, Shakatak definió lo que más tarde se llamaría “sophisti-pop” o “smooth jazz de pasarela”. Pero hay algo más: un pulso japonés que les respondió con amor inmediato.
Mientras en Inglaterra eran considerados música de fondo para adultos jóvenes con trajes amplios y copas finas, en Japón se convirtieron en algo más: ídolos sonoros de una generación que empezaba a soñar con Tokio de noche, con coches eléctricos, con amor urbano y elegante.
El city pop, ese género japonés que hoy es rescatado como gema vintage del futuro, no existiría como lo conocemos sin ese coqueteo de occidente, Shakatak fue uno de sus romances más felices.
Los discos llegaron, los conciertos también, las armonías sofisticadas, las vocales femeninas etéreas, los solos de teclado eléctrico que no pedían permiso: todo encajó perfecto en el imaginario nipón.
La mejor parte mejor es que nunca se fueron. A diferencia de muchos de su camada, Shakatak siguió tocando, girando, grabando, su fan base mundial y japonesa aún los sigue como si fuera 1986, con el mismo respeto con que se venera un reloj analógico que sigue marcando la hora exacta.
Escúchalos si quieres entender por qué el futuro antes sonaba mejor, o si solo necesitas una excusa elegante para mover los hombros sin pedir perdón.
Guarda esta nota mental: Casiopea vendrá después.
La otra cara del espejo, menos terciopelo, más precisión, otro viaje, igual de nocturno.
Ya te pusiste tus lentes oscuros?
Shakatak the best of