Todo cambia.
Lo sabes, lo haz dicho, lo dicen todos.
Pero a Tauro no le gusta decirlo en voz alta, casi siempre prefiere preparar café.

Hay signos que corren detrás del futuro y otros que rompen lo que ya no vibra más. Tauro no, tauro aguanta, se queda, observa cómo lo efímero se deshace ante sus ojos… y no se mueve.

Digamos que no por terquedad, aunque a veces también, no se mueve porque su forma de oponerse al caos es no colaborar con la prisa.

En un mundo que valora lo rápido, lo optimizado, lo instantáneo, Tauro siempre borda lento, se amarra a las cosas pequeñas: un sillón viejo, una frase, un olor.

Mientras entiende que todo cambia, necesita también que algo permanezca y no lo haga, aunque solo sea por un instante, por un rato, por un año, por lo que queda de vida… entonces, si nada mas lo hara, considera la posibilidad de convertirse en ese elemento permanente.

En esa resistencia pasiva, a veces ocurre lo milagroso:
lo que iba a irse se queda un poco más.
Lo que parecía temporal se vuelve ritual.
Lo fugaz, si es bien cuidado, también se vuelve eterno un momento.

No todo lo que se resiste está dormido, puede ser que solo este evaluando, recordando por qué vale la pena permanecer.