Sobre esa estación que vuelve solo cuando alguien despierta el recuerdo.

911 emocional, ¿cuál es su emergencia?
—Aquí Marea, en turno nocturno, especializada en contradicciones, sobredosis de ternura, y emergencias donde el corazón late más lento de lo que debería o explota más fuerte de lo que puede.
Recibido: hay nostalgia, risa y el cariño preciso en una caja de cereal edición especial.
Confirmo: Marea al mando.
Portal 9 está abierto.

Algunos veranos no se van con septiembre, siguen ahí, agazapados en el olor a protector solar, en una canción de radio vieja, en una toalla olvidada en el clóset.

No todos los veranos se sienten igual, algunos se sobreviven pese al cuerpo al sol, y esos besos salados de sudor, otros llegan como eco, como déjà vu suave.

Pero hay uno, siempre hay uno en particular, que se repite… cada vez que alguien lo recuerda desde el corazón.

Ese verano.

El que tenía una hora mágica para salir a andar en bici, un nombre que dolía bonito,
una casa que olía a fruta y a secreto. Ese que dejo su marca mientras sucedía, que paso como brisa y tormenta, ese que no se volvió a vivir, pero tampoco se fue.

Ahora, cuando despierta por accidente, por canción, por sueño, no regresa como historia, sino como clima: te cambia el aire, te pone lento, te hace sentir algo antiguo sin decir palabra.

No importa qué diga el calendario. El verano que importa vuelve cuando quiere, a veces basta con abrir una caja, una canción, o una foto rota… para que todo lo demás se suspenda un rato.

Y ahí estás tú, otra vez.
En el verano que se repite.
Sin aviso.
Sin razón.

Solo porque aún puede.

El verano que importa vuelve cuando quiere, a veces basta con abrir una caja, una canción, o una foto rota.