De *The Office* a *Industry*
Hay algo extraño en las series sobre trabajo: casi nunca queremos trabajar cuando las estamos viendo.
Nos sentamos frente a una pantalla para observar a otros llegar tarde, entrar a juntas innecesarias, perseguir objetivos imposibles, fingir entusiasmo frente a una presentación de PowerPoint y tomar decisiones que probablemente podrían haberse resuelto con un correo.
*The Office* entendió muy pronto una verdad incómoda: buena parte de la vida laboral consiste en cosas que, vistas desde afuera, parecen completamente absurdas. Reuniones que pudieron ser mensajes, mensajes que pudieron ser silencios, jefes que confunden liderazgo con volumen de voz y compañeros capaces de convertir una pausa para el café en una crisis departamental.
Nos reímos porque reconocemos algo.
Después llegó *Industry*, y el espejo se puso más oscuro.
Ahí el trabajo ya no es solamente ese lugar donde pasamos buena parte del día. Es competencia, dinero, ambición, jerarquía, prestigio, ansiedad y una cantidad preocupante de personas diciendo que están bien mientras claramente sucede lo contrario.
Entre una oficina de ventas de papel y un banco de inversión hay un universo entero de diferencias, pero también una coincidencia: “el trabajo nunca es solamente el trabajo”.
Llevamos nuestras inseguridades a la oficina. Nuestra necesidad de reconocimiento. Nuestro miedo a equivocarnos. Las ganas de demostrar que podemos. El deseo de que alguien diga “hiciste un buen trabajo” y, de vez en cuando, la sospecha de que quizá estamos dedicando demasiadas horas de nuestra vida a conseguirlo.
Por eso estas series funcionan tan bien.
No necesitamos trabajar en Dunder Mifflin ni en Pierpoint para reconocer la escena. Cambian los escritorios, los sueldos, los trajes y las palabras difíciles. El mecanismo humano permanece sospechosamente parecido.
Quizá ahí está lo más interesante.
Las series sobre trabajo claramente no solo nos enseñan cómo funcionan las empresas, nos muestran cómo funcionamos nosotros dentro de ellas.
Qué toleramos.
Qué perseguimos.
Qué fingimos no ver.
Y cuánto de nuestra personalidad dejamos sobre el escritorio cuando termina la jornada.
Quizá por eso nos gusta tanto mirar a otros trabajando. Porque entre la comedia de *The Office* y la oscuridad de *Industry* hay un pequeño espejo donde, tarde o temprano, terminamos reflejándonos.
Compartimos algunas sugerencias que completan el cuadro, enumeradas sin ningún orden o preferencia, unidad por una sola pregunta:
¿Qué estamos haciendo con nuestra vida cuando decimos que estamos trabajando?
The Office
oficina, cultura organizacional, liderazgo absurdo y relaciones entre compañeros.
Industry
finanzas, competencia, ambición, presión y costo personal del éxito.
Severance
trabajo corporativo llevado al extremo, identidad, productividad y separación entre vida y empleo.
Superstore
trabajo de piso, precariedad, clientes, jerarquías y compañerismo.
Succession
poder, liderazgo, empresas familiares, herencias y decisiones corporativas.
Mad Men
publicidad, cultura laboral, creatividad, jerarquías y transformación social.
Silicon Valley
startups, tecnología, emprendimiento, inversión y el maravilloso absurdo de construir una empresa.