Ranking absurdo de acontecimientos que no soportarían la luz del día.
Hay un Oxxo que conoces de día y otro que aparece cuando pasan de las dos de la mañana. El primero vende café, refrescos y artículos de primera necesidad.
El segundo es un centro de investigación social donde nadie sabe exactamente qué está haciendo, pero todos parecen tener una razón perfectamente válida para estar ahí. A esa hora, la humanidad pierde algunas de sus convenciones más importantes, y empieza el espectáculo.
El que entra por una cosa y termina comprando la despensa de una familia de seis
Venía por agua.
Agarró unas papas, dos chocolates, un sándwich, una bebida energética, chicles y algo que parecía una decisión tomada por su yo de mañana.
Llega a la caja con los brazos llenos y una expresión de absoluta inocencia.
—¿Algo más?
No, gracias.
Ya lleva suficiente para sobrevivir al apocalipsis, pero agradece la preocupación.
La persona que estudia el refrigerador como si estuviera eligiendo su destino
Abre una puerta, mira, cierra, camina dos pasos, abre otra… Regresa a la primera.
Lleva ahí tanto tiempo que el empleado ya conoce sus dudas mejor que sus familiares.
Mientras, el cliente, no busca una bebida. Busca una respuesta, probablemente termine comprando la de siempre… la bebida, no la respuesta.
El que llega vestido como si hubiera perdido una apuesta
Pijama de cuadros, sandalias, calcetines de dudosa procedencia y una sudadera que no parece conocer la existencia de la lavadora.
Entra con la seguridad de quien sabe que a estas horas no se juzga a nadie, y tiene razón. El problema es que, a las dos de la mañana, todos los presentes tienen material suficiente para escribir una biografía sobre los demás.
Por suerte, también tienen suficiente material sobre sí mismos.
La pareja que está teniendo una conversación que claramente debió quedarse en casa
—Es que tú nunca me escuchas.
—Sí te escucho.
—¿Ves? Ni siquiera sabes de qué estoy hablando.
Silencio.
El empleado pasa un trapeador, la pareja continúa su discusión frente a los yogures, como si el futuro de la relación dependiera de elegir entre fresa y durazno.
Nadie interviene.
Todos fingimos estar comparando precios, pero el público está entregadísimo esperando algún tipo de final.
El que compra un café como si todavía hubiera posibilidades de arreglar su vida esa noche
Llega con los ojos cansados y una determinación que conmueve.
Un café americano, sin azúcar, tamaño grande.
Lo sostiene entre las manos como si fuera una pequeña lámpara en medio de la oscuridad. No sabemos qué está intentando resolver, un proyecto, una ruptura, una entrega pendiente o una conversación que lleva tres días ensayando.
Pero hay algo admirable en esa fe, la vida podrá estar hecha un desastre. El café, por lo menos, va a estar caliente.
El empleado que ya lo ha visto absolutamente todo
Tú crees que estás viviendo una noche excepcional, que tu compra es extraña., que tu comportamiento es inexplicable, que tu presencia a esa hora merece una nota al pie en los registros de la humanidad.
El empleado ni siquiera levanta la ceja. Ha visto discusiones, reconciliaciones, declaraciones de amor por teléfono, gente llorando frente a los chocolates y personas que entran a comprar hielo sin recordar para qué lo necesitaban.
Tú eres apenas otra escena, él está trabajando, mañana vuelve a trabajar, hay algo profundamente filosófico en eso.
El que llega buscando a alguien que no está ahí
Entra, mira hacia los pasillos y pregunta si ha pasado cierta persona,…
el Oxxo de madrugada no es solamente una tienda. Es un pequeño teatro de la condición humana donde coinciden el hambre, el insomnio, las malas decisiones y gente que, bajo la luz fluorescente, parece llevar tres días viviendo en otra dimensión.